Ni Tu Eres Un Principe Ni Yo He Perdido Un Zapa... Direct

Elena lo miró de reojo. No había purpurina, ni castillos, ni promesas de amor eterno. Había un tipo normal, con los zapatos algo mojados, ofreciendo un refugio contra la lluvia madrileña.

Ambos se conocían de vista. Eran los "eternos del 42", esos desconocidos que comparten trayecto cada mañana. Él siempre con su café en mano y ella con un libro diferente cada semana. Ni tu eres un principe ni yo he perdido un zapa...

—Supongo que cuenta como un buen trato —cedió ella, permitiéndose una pequeña sonrisa—. Pero que conste: si me pides que me pruebe un zapato de cristal, me voy andando bajo el diluvio. Elena lo miró de reojo

—Es un mocasín, Marco. Y no corro por un baile real, corro porque si llego tarde otra vez, mi jefa me convierte en calabaza, pero de las que van directo al paro. Ambos se conocían de vista

Esa mañana, la lluvia de abril había decidido hacer acto de presencia. Marco sacó un paraguas grande, de esos que parecen familiares, y lo extendió sobre ambos.

¿Te gustaría que la historia con lo que pasa cuando se encuentran a la salida, o prefieres cambiar el tono a algo más dramático?

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad